viernes, 2 de enero de 2026

Tres caminos hacia una misma Luz: el fondo común del judaísmo, el cristianismo y el islam


Vivimos en una época donde las diferencias religiosas suelen verse como muros que separan. Sin embargo, cuando miramos más profundo, descubrimos que bajo esas formas hay una misma búsqueda: la de encontrar sentido, conocer lo divino y descubrir la luz que habita dentro de cada persona. El judaísmo, el cristianismo y el islam, aunque distintos en sus lenguajes y símbolos, comparten un mismo horizonte espiritual. Este artículo invita a mirar sus tradiciones esotéricas —las que exploran el corazón de la fe— como caminos que, desde orillas distintas, conducen hacia un mismo centro.El Misterio último: Dios ocultoPara los sabios de la Cábala judía, Dios en su esencia es Ein Sof, “el Sin Fin”: algo tan inmenso que no puede ser descrito ni comprendido. Su acto de “retirarse” para permitir la existencia del mundo simboliza que lo divino está presente incluso cuando parece ausente.El cristianismo místico habla de Deus absconditus, el Dios escondido, imposible de captar con palabras o ideas. Solo el silencio interior y la transformación del alma pueden acercarnos a Él.En el sufismo islámico, Dios es al-Ḥaqq, “la Realidad absoluta”. Su esencia está más allá de cualquier comparación, pero se da a conocer a través de sus nombres y cualidades. En las tres tradiciones, Dios es inaccesible en sí mismo, aunque todo lo real refleje su presencia.La Luz: presencia y caminoLa Luz es el símbolo común de lo divino en acción.

En la Cábala, del Ein Sof emana la Luz infinita, que se expresa en los diferentes aspectos del mundo. El mal, en esta visión, no es más que una fractura o dispersión de esa Luz, que espera ser reparada mediante nuestras acciones justas.En el cristianismo, la Luz se hace persona en Cristo, quien representa la claridad del Logos, el principio divino que da sentido a todo. Recibir esa Luz significa participar de una transformación interior.El islam habla del Nūr, “la Luz de los cielos y de la tierra”, que brilla en el corazón purificado. De ella procede todo lo creado, y su resplandor más puro es la Luz de Muhammad, origen espiritual de la existencia.Así, la Luz es el modo en que Dios se hace presente sin dejar de ser misterio.La Sabiduría: vivir en armonía con lo divinoLa Sabiduría —llamada Ḥokhmah en hebreo, Sophía en griego y Ḥikma en árabe— representa la inteligencia divina manifestada en la creación.

En la Cábala, es la primera chispa del conocimiento divino.

En el cristianismo, es la sabiduría que se encarna en Cristo, invitando a una vida guiada por el amor y la comprensión profunda.

En el islam, es el don que Dios concede a quien actúa con equilibrio, justicia y claridad interior.En los tres caminos, la sabiduría no se acumula: se vive. Es aprender a mirar el mundo con los ojos del corazón.El ser humano: reflejo de lo divinoTodas estas tradiciones ven al ser humano como un microcosmos, un reflejo en miniatura del universo divino. Nuestro corazón —no solo el órgano físico, sino el centro espiritual del ser— es el lugar donde podemos encontrarnos con lo sagrado. Conocer a Dios significa transformarse; quien no cambia por dentro, aún no ha comprendido del todo.Tres voces, un solo MisterioCada tradición ilumina un aspecto del mismo misterio.

El cristianismo celebra la Encarnación, donde la Sabiduría se hace carne.

El judaísmo insiste en la Torá y la reparación del mundo, un llamado a vivir con justicia.

El islam subraya la Unidad absoluta de la existencia: solo Dios es, y todo lo demás existe por Él.No son caminos rivales, sino tres lenguajes distintos para hablar del mismo sol. Sus símbolos, historias y enseñanzas nos recuerdan que, aunque la verdad es inagotable, podemos acercarnos a ella cuando vivimos con conciencia, amor y respeto por el Misterio.¿Te gustaría que agregue una breve conclusión final con un mensaje inspirador o reflexivo para cerrar el artículo con tono esperanzador?

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